sábado, 30 de mayo de 2015

Martín Zúñiga Chávez: "Nadie me dijo que estar lejos ulceraba a los espinos de las macetas"

      Martín Zúñiga evidencia una verdadera vocación poética. Sin embargo, qué lejos está de su "Pequeño estudio sobre la muerte". Si bien es cierto, maneja una escritura correcta y melódica, el color que ha tomado su poesía me resulta más tierna que todo lo que he leído del autor. Eso, definitivamente es bueno. Denota cambio, frescura y entrega por parte de Zúñiga. El proceso artístico en su escritura se ve reflejado en esta muestra de poemas. Tienen una estructura unificada, figuras elaboradas y cierto sabor a misterio. 





Tema de la niña


Imaginen que en el centro del patio
hemos dejado a medio construir
un pozo y con el tiempo
se ha llenado de pintas de tiza blanca.

Domingo
sabe que han tapiado sólo una parte
de aquellos ojos.
Mientras nosotros aquí esperamos la noticia

de una danza, de un grito sencillo
al final de la caída.
Ahora imaginen el agua regresando
en picada hacía el fondo del pozo.
Una niña ahogada en el fondo del pozo.
Un vaso roto del otro lado de la sala.

Se le enredan entonces los huesos
en el joven temblor de un lamento
cuando la rescatan
y todos parecen estar de acuerdo
y la dejan
en medio de este sueño, sobre el sofá
de la sala llena de agua, de olvido, de nada.





 (las líneas de la mano)


Para ti escarbé en el aire
un rostro conocido y un poco
de leña para tu cocina
de aceites sucios y monedas
de olores familiares y saltados de estrellas

donde una niña suelta y moja su cabellera huérfana
bajo un crepúsculo que me duele en los labios.

En el patio la gallina da vueltas sobre su pico,
contaminada de pequeños moscos
por que te has pintado
otras líneas en las manos, y otras recetas.





(la historia es un oxímoron)


Lejos, mi casa me espera con las puertas
ya cerradas y la boca llena
de niños y polvo. Sé que llego
tarde, que la ciudad me mira mal por eso

no ven las espinas que les crecen a mis codos.
la música resquebrajada de los gatos en la azotea.
mi padre que ya no es mi padre
porque yo soy su padre y su madre.

Nadie me dijo que estar lejos
ulceraba a los espinos de las macetas.
La sed se hizo inútil entonces,
sufría dolores de distancia,
el frío de las balas.
La sed de una bala metida en el cráneo.
El sabor metálico que deja.

Ciegos, la ciudad me toma de las solapas
y en agua incineran sus muertos
hechos sombra, héroes y jocosos quiebros.





Forma de la huida.


Te acuerdas de cuando éramos amantes
y escapábamos de la ciudad hacia las cavernas,
y no decías nada callada callada
y el viento nos empujaba
y sin escarnios, en fin, se intuía
el clima cálido de tus tetas
y el tiempo que va en una sola dirección
y no vuelve. Entonces se va la tarde
y me acurruco en ti la mente en blanco
y todo ya seco luminoso hueco

y el desierto en fin, distinto.








Martín Zúñiga Chávez (Cusco, Perú, 1983). Ha publicado los poemarios Gavia (Ediciones Fecit, España, 2009), Pequeño estudio sobre la muerte (Ediciones Copé, Perú, 2010) y Cover (Ediciones Difacit, España, 2011 y Estruendomudo, Perú, 2013), además de la antología de poesía joven de Arequipa Rastros/Rostros (CRPP, Perú, 2011). Su obra ha recibido varios reconocimientos como el Premio Internacional de Poesía Ángel Martínez Baigorri y el Premio Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos, ambos en España; el premio Desiderio Macías Silva en México; el Premio Nacional Juvenil de Poesía Javier Heraud y el Premio Internacional de Poesía Copé de Plata en Perú. Dirige la asociación cultural Centro de Recursos para la Poesía, plataforma de gestión de proyectos culturales que organiza el Festival Internacional de Poesía Ari Quepay, entre otras actividades. Realiza el proyecto LAE LEA Perú http://urbanotopia.blogspot.com. Además colabora en diferentes medios de prensa en Perú y el extranjero.


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